Una cosa pido, una cosa es necesaria, una cosa hago

by Henry Bruno | Onething Venezuela '18

ORACIÓN – SALMO 27 (Parafraseado)

SEÑOR eres nuestra luz y nuestra salvación; ¿a quién temeremos? Eres la fortaleza de nuestra vida; ¿De quién tendremos temor? Cuando hombres e imperios perversos vengan sobre nosotros para devorarnos como bestias, ellos, nuestros enemigos, tropezarán y caerán. Aún si un ejército acampa contra nosotros, No temerá nuestro corazón; Si contra nosotros se levanta guerra, A pesar de ello, estaremos confiados.

Una cosa te pedimos SEÑOR, y la buscaremos: Que permanezcamos en Jesús tu Hijo y Sus palabras en nosotros todos los días de nuestra vida, para contemplar tu gloria y bondad en el rostro del Mesías (2 Cor. 4:6), y para meditar en El, en quien están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento (Col. 2:3). Porque en el día de la angustia nuestra vida estará escondida con el Mesías en Ti; y aunque muramos, cuando el Mesías, nuestra vida, sea manifestado, entonces seremos manifestados con El en gloria. Entonces será levantada nuestra cabeza sobre el último enemigo que será eliminado, la muerte. Y en tu templo en Jerusalén ofreceremos sacrificios de acción de gracias con voces de júbilo; Cantaremos, sí, cantaremos alabanzas a ti SEÑOR.

Escucha, oh SEÑOR, nuestra voz cuando clamamos; Ten piedad de nosotros, y respóndenos. Cuando dijiste: “Busquen Mi rostro,” nuestro corazón Te respondió: “Tu rostro, SEÑOR, buscaremos.” No escondas Tu rostro del remanente de Israel ni de nosotros los gentiles que esperamos en Ti; No nos rechaces con ira dejando cegado nuestro corazón, sino haz resplandecer tu rostro sobre ellos y nosotros para que veamos el resplandor del evangelio de la gloria del Mesías (2 Cor. 4:4); pues Tú has sido nuestra ayuda. No nos abandones ni nos desampares, Oh Dios de nuestra salvación. Porque aunque padre y madre y cónyuges y amigos y conocidos nos abandonen por causa de Ti y de Tu evangelio, Tú nos recibirás.

SEÑOR, enséñanos Tu camino, tu Hijo Jesús es el Camino. No nos entregues a la voluntad de nuestros perseguidores; porque testigos falsos se levantarán contra nosotros, aún falsos profetas y maestros. Hubiéramos desmayado, si no hubiéramos confiado que veríamos tu bondad en la tierra de los vivientes, cuando resucites a los muertos. Esperemos al SEÑOR con perseverancia; esforcémonos y alentemos nuestro corazón. Porque en esperanza hemos sido salvados, pero la esperanza que se ve no es esperanza, pues, ¿por qué esperar lo que uno ve? Pero si esperamos lo que no vemos, con perseverancia lo aguardamos (Rom. 8:24-25). Sí, espera al SEÑOR.

SEAMOS GENTE DE UNA SOLA COSA

Sólo creyentes enfocados en esa única cosa—el Señor, su evangelio, su venida—dedicarán sus vidas hasta el fin como fieles discípulos que esperan a su Señor. Discípulos que perseveran en amor, fe y esperanza en tiempos de desierto y escasez, durante olas de persecución o aún en medio de abundancia y comodidad.

Como resultado de la saturación masiva de información en los medios sociales, del ritmo acelerado de vida laboral, de los deportes y la recreación, etc., etc., vivimos en una cultura que está plagada de disipación, desintegración y distracción. De forma tal que vivir como gente de una sola cosa parece ser una misión imposible.

La situación cultural innegablemente ha afectado a la iglesia que en muchos casos parece deambular sin rumbo alguno de una tendencia ministerial a la otra, siendo arrastrada por las implacables olas que azotan y moldean a la sociedad. Y pienso que esto se debe a tres razones principales, (1) el ambiente socio-cultural en el que vivimos; (2) la falta de coherencia bíblica y teológica que enfocaría a la iglesia en esa “única cosa”; y (3) la falta de discipulado en torno a esa única cosa.

En cuanto a la presión socio-cultural, debemos arrepentirnos de la obsesión con ser “relevantes” en términos de parecer “atractivos” a los hombres. Que sea el Espíritu Santo el que convenza de pecado mientras predicamos un evangelio que sea fiel a la Palabra. Por otro lado, la falsa visión de adentrarnos en la sociedad para supuestamente transformarla—haciendo que vivamos como un hámster en su rueda—debe ser reemplazada por una visión “apocalíptica” enfocada en el Día del Señor cuando Jesús se siente en su trono en Jerusalén para hacer pedazos a las naciones con vara de hierro y remodelarlas como el hábil alfarero.

Esa visión “apocalíptica” no es para nada la noción escapista que caracteriza a la escatología popular. Por el contrario, es una visión que sí se adentra profundamente en la sociedad pero con el fin de realizar una misión de testimonio fiel, en lugar de una misión de rescate o transformación. Y como ya hemos dicho, esa visión “apocalíptica” acerca del Día del Señor es precisamente la que obtenemos al cultivar la coherencia bíblica y teológica, al conformar nuestra vida, mensaje y métodos al de Jesús y los apóstoles. Sólo así podremos ser y hacer discípulos que cómo María de Betania, escogen la única cosa que es
“necesaria”.

UNA SOLA COSA ES NECESARIA

Lucas 10.38–42 38 Mientras iban ellos de camino, Jesús entró en cierta aldea; y una mujer llamada Marta Lo recibió en su casa. 39 Ella tenía una hermana que se llamaba María, que sentada a los pies del Señor, escuchaba Su palabra. 40 Pero Marta se preocupaba con todos los preparativos. Y acercándose a El, le dijo: “Señor, ¿no Te importa que mi hermana me deje servir sola? Dile, pues, que me ayude.” 41 El Señor le respondió: “Marta, Marta, tú estás preocupada y molesta por tantas cosas; 42 pero una sola cosa es necesaria, y María ha escogido la parte buena, la cual no le será quitada.”

Sentarse a los pies de un rabino o maestro judío era la práctica tradicional de un discípulo. Esta reflejaba no sólo su atención sino su sincera devoción y sumisión a la enseñanza de su maestro. En el caso particular de Jesús, esa devoción era una expresión de confianza de que Sus palabras verdaderamente conducirían a la obediencia a Dios quien nos concedería la vida eterna como recompensa.

Juan 6.66–68 66 Como resultado de esto (la ofensa de sus palabras) muchos de Sus discípulos se apartaron y ya no andaban con El. 67 Entonces Jesús dijo a los doce: “¿Acaso también ustedes quieren irse?” 68 Simón Pedro Le respondió: “Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna.

La acción de María ante la visita de Jesús reflejó esa misma actitud. Estaba convencida de que “el cielo y la tierra pasarán, pero Mis palabras no pasarán” (Mat. 24:35), de que “cualquiera que se avergüence de Mí y de Mis palabras”, “el Hijo del Hombre también se avergonzará de él, cuando venga en la gloria de su Padre” (Mar. 8:38), y que “todo el que viene a Mí y oye Mis palabras y las pone en práctica, […] es semejante a un hombre que al edificar una casa, cavó hondo y echó cimiento sobre la roca; y cuando vino una inundación (el Día del Señor), el torrente dio con fuerza contra aquella casa, pero no pudo moverla porque había sido bien construida” (Luc. 6:47-48).

El llamado a una vida de “una sola cosa” es un llamado a tomar “las palabras en rojo” con absoluta seriedad y sobriedad. Quienes llaman a Jesús ‘Señor, Señor’, ¿como no habrán de hacer lo que el dice? (Luc. 6:46)

UNA COSA HAGO

Filipenses 3.7–14 7 Pero todo lo que para mí era ganancia, lo he estimado como pérdida por amor de Cristo. 8 Y aún más, yo estimo como pérdida todas las cosas en vista del incomparable valor de conocer a Cristo Jesús, mi Señor. Por El lo he perdido todo, y lo considero como basura a fin de ganar a Cristo, 9 y ser hallado en El, no teniendo mi propia justicia derivada de la Ley, sino la que es por la fe en Cristo, la justicia que procede de Dios sobre la base de la fe, 10 y conocerlo a El, el poder de Su resurrección y la participación en Sus padecimientos, llegando a ser como El en Su muerte, 11 a fin de llegar a la resurrección de entre los muertos. 12 No es que ya lo haya alcanzado o que ya haya llegado a ser perfecto, sino que sigo adelante, a fin de poder alcanzar aquello para lo cual también fui alcanzado por Cristo Jesús. 13 Hermanos, yo mismo no considero haberlo ya alcanzado. Pero una cosa hago: olvidando lo que queda atrás y extendiéndome a lo que está delante, 14 prosigo hacia la meta para obtener el premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús.

El ejemplo del apóstol Pablo nos ofrece un modelo perfecto que nos brindaría ayuda para ser sanados de la disipación, la desintegración y la distracción que tan profundamente nos plaga. Su vida estaba totalmente enfocada en la meta de obtener la vida eterna en la resurrección de los muertos. Y conforme a esa meta, una cosa hacía.

Convencido de que corría por una corona incorruptible y fortalecido por el poder del Espíritu, el apóstol a los gentiles se disciplinaba y se sometía al rigor de la auto-negación a fin de cultivar una vida cruciforme que lo conformara a la imagen de Jesús en su muerte.

Hechos 20.24 24 “Pero en ninguna manera estimo mi vida como valiosa para mí mismo, a fin de poder terminar mi carrera y el ministerio que recibí del Señor Jesús, para dar testimonio solemnemente del evangelio de la gracia de Dios.

1 Corintios 9.24–27 24 ¿No saben que los que corren en el estadio, todos en verdad corren, pero sólo uno obtiene el premio? Corran de tal modo que ganen. 25 Y todo el que compite en los juegos se abstiene de todo. Ellos lo hacen para recibir una corona corruptible, pero nosotros, una incorruptible. 26 Por tanto, yo de esta manera corro, no como sin tener meta; de esta manera peleo, no como dando golpes al aire, 27 sino que golpeo mi cuerpo y lo hago mi esclavo, no sea que habiendo predicado a otros, yo mismo sea descalificado.

Pablo era un hombre cuya vida giraba en torno a obtener la vida eterna, la resurrección de los muertos y la inmortalidad, porque su convicción era la del apocalipticismo judío del primer siglo, el cual se dirigía hacia un final escatológico—el día del Señor, el día de Cristo Jesús, la resurrección, el siglo venidero. Esta es la razón por la cual Pablo estuvo tan enfocado en la cruz a la luz del regreso de Jesús. Fue por eso que Pablo vivió esa vida disciplinada y discipulada, completamente enfocada en una cosa.

Seguramente Pablo nos diría hoy, al vernos plagados por la distracción y por tantas controversias, divisiones y argumentos sin sentido, que todo eso terminará en nada, y que la cura para ese afán mundano es enfocarnos y fijar nuestros deseos y esperanzas en esa única cosa: el día de Cristo, la resurrección y la vida eterna. Porque como Jesús dijo, donde está tu ojo, donde está tu enfoque y tu tesoro, allí estará también tu corazón. Si fijas tu enfoque y tu esperanza ahí, eventualmente tu corazón comenzará a alejarse de todo lo que no tiene importancia eterna.

Henry Bruno

Henry Bruno

Coordinador y maestro

Henry es un discípulo de Jesús, esposo de Aneliz y padre de cuatro hijas y un hijo. Su pasión es hacer discípulos que estén firmes en el evangelio, dando testimonio de la verdad y preparados para recibir a Jesús de los cielos al perseverar en fe, esperanza y amor hasta el fin del siglo. Actualmente se encuentra en su país Puerto Rico donde sirve al Señor junto a su familia. Pueden contactarlo a [email protected]